7 Comentarios
Avatar de User
Avatar de Ignacio Sainz de Medrano

Yo es que no tengo ni idea, Araceli, ya lo sabes. Simplemente cuento lo que he sentido. Mi odio afloró, supongo como respuesta a la afrenta realizada a un ser querido, como bien comentas.

Y luego, como una ola que se va, se diluyó en la cotidianeidad. Será que soy un blando y aguanto demasiado.

Gracias por tu precisión.

Avatar de Javier Jurado

Comparto que no conviene simplemente reprimir ese odio. Hasta cierto punto hay que consentírselo a uno mismo. La forma de canalizarlo después, para mí, es relativizar la importancia. Odiar a alguien, suelo repetirme, es concederle demasiada importancia. Y entonces suelen aflorar los contrapesos de la compasión. Pero, como bien subrayaría Nietzsche, en esa compasión también puede anidar una forma sibilina de dominio. Compadecer a alguien puede ser acompañar su sufrimiento; pero también ridiculizar su condición con cierto desprecio y perpetuarla. La cuestión, al margen de esa ambivalencia, es sanarse. Es lo que urge. Que suficiente daño hizo en un primer momento la afrenta, la ofensa o la agresión. No siempre es necesaria la reparación. Gracias por compartir tu experiencia y deliberación.

Avatar de Araceli Mateos Ghosh

El texto describe con honestidad la experiencia subjetiva del odio y el desgaste que produce, pero introduce una idea muy contemporánea: que las emociones negativas son “errores” psicológicos que deben resolverse porque deterioran el bienestar. Pero eso no es del todo así. El rencor, la ira, incluso ciertas formas de odio, tienen funciones adaptativas beneficiosas. Señalan vulneración de límites, injusticia, traición, peligro social o daño moral. Sin capacidad de resentimiento, probablemente aceptaríamos abusos de forma indefinida.

El odio y la compasión no son moral y psicológicamente incompatibles. Uno puede comprender el sufrimiento o las limitaciones del otro y aun así decidir no reconciliarse.

Creo firmemente que no todo merece perdón. Pero tienes toda la razón en que casi nada merece poseer indefinidamente tu sistema nervioso.

Avatar de Ángel Alda

A veces el odio produce mejor literatura que el amor. Otelo por ejemplo supera a Romeo y Julieta de calle.

Avatar de Edu Rodríguez

La última persona a la que odié fue el último jefe de mi último jefe. Qué tipo más gilipollas. Hace sólo 7 meses y ya no me acuerdo de su nombre. Me uno a Araceli y a Javier: el odio cumple su función, aunque a ninguno nos guste pasar por él. Eso sí, añadiría que me siento más ecuánime desde que no estoy a la merced del poder de otros. Se lo decía a Molly el otro día: "Si no tengo que volver a usar el transporte público para ir a una oficina, creo que podría llegar a ser uno de esos sabios orientales que no se enfadan nunca". De coña, más o menos, porque algo hay ahí.

Avatar de Grijander Klander

Yo he odiado por traición ajena y negligencia mía. Y me he regocijado en el odio. Y su mal fue mi bien. Si eso me hace inferior no lo sé, pero en parte, me sanó. Ahora me da igual, creo que ese es mi triunfo real. Pero no es fácil, durante bastante tiempo me sentí mal por odiar: la doctrina cristiana ha dejado su mácula perenne en los spanish X. Yo te comprendo, hermano.

Avatar de Miguel García Álvarez

Nunca he sabido decir si he odiado realmente a alguien. Quizá lo más cercano es lo que he sentido por la gente que ha conseguido desatar mi rabia más interna. Que alguien sea capaz de que yo sienta uno de los sentimientos que más detesto merece todo mi desprecio. Y yo me quiero creer que se trata de desprecio y no odio, porque en mi cabeza el odio requiere un mínimo aprecio por esa persona, algo que pierdo inmediatamente si alguien me hace sentir rabia.

Quizá todo esto no sea más que odio y ya está, a saber. Eso sí, para mí no hay mejor banda sonora para ello que "Vulgar Display of Power" de Pantera, seguido muy de cerca de "Pesadilla en el Parque de Atracciones" de Los Planetas.