Discusión sobre este post

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Avatar de Ignacio Sainz de Medrano

Yo es que no tengo ni idea, Araceli, ya lo sabes. Simplemente cuento lo que he sentido. Mi odio afloró, supongo como respuesta a la afrenta realizada a un ser querido, como bien comentas.

Y luego, como una ola que se va, se diluyó en la cotidianeidad. Será que soy un blando y aguanto demasiado.

Gracias por tu precisión.

Avatar de Javier Jurado

Comparto que no conviene simplemente reprimir ese odio. Hasta cierto punto hay que consentírselo a uno mismo. La forma de canalizarlo después, para mí, es relativizar la importancia. Odiar a alguien, suelo repetirme, es concederle demasiada importancia. Y entonces suelen aflorar los contrapesos de la compasión. Pero, como bien subrayaría Nietzsche, en esa compasión también puede anidar una forma sibilina de dominio. Compadecer a alguien puede ser acompañar su sufrimiento; pero también ridiculizar su condición con cierto desprecio y perpetuarla. La cuestión, al margen de esa ambivalencia, es sanarse. Es lo que urge. Que suficiente daño hizo en un primer momento la afrenta, la ofensa o la agresión. No siempre es necesaria la reparación. Gracias por compartir tu experiencia y deliberación.

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Por supuesto, sigue adelante.