Mascletá
El PP de Madrid ha demostrado su amor por la pirotecnia. A la vista del éxito rival, en La Moncloa han decidido adelantar las Fallas.
Los perjudicados de esta acumulación de material inflamable y explosivo han sido, sin duda, los patos. Los del Manzanares, en primer lugar. Vale, es falso que murieran algunos ejemplares como consecuencia del petardeo. Y como dice Ayuso, si los de Valencia no se mueren por cuatro bombetas, pues los nuestros que espabilen, que viven en Madrid, carajo. Yo no le tengo mucha simpatía a la especie, pero con estos pobres animales que viven en nuestro riachuelo, voy a tope.
El asunto Koldo (que de ser una anátida, sería más bien un ganso) está perjudicando, y mucho, a otro tipo de aves. Me refiero al pato cojo en el que se ha convertido ya Pedro Sánchez. No sé de qué subespecie, vamos a poner que el mandarín, por lo guapetón, pero pato. Y, desde luego, cojo: a mí me da que el humo que llega desde el palacio presidencial es el indicio de un fuego que ya no lo apaga nadie. Al pato le quedan dos opciones: morir abrasado o por asfixia. Esto queda por ver.
Habla Javier Cercas en El País de la maldición de La Moncloa que aqueja al actual jefe de Gobierno. Explicada en términos políticos, vendría a ser la maldición del segundo mandato de los presidentes norteamericanos. Dejo el enlace por eso de parecer leído y tal, pero es de sentido común: es lo que les pasa a los presidentes de las comunidades de vecinos cuando se presentan voluntarios para continuar en el cargo; todos hemos vivido eso. A falta de herramientas de análisis electoral, que son de pago, y sin acceso a encuestas del CIS, mi fino olfato político me dice que el presidente anda un poco perdido, y que su periodo de desconexión con la realidad ha comenzado ya. Acostumbrado como está a acudir al rescate de su partido (hasta haberlo jibarizado), no deberá extrañarle que su partido no sea capaz de echarle una mano. Más bien se diría que es el que lo va a hundir.
“La víctima de la maldición de La Moncloa acaba convertida en un asno”
Javier Cercas
Y esto porque en ciencia política hay una cosa que se llama Framing. Me lo explicó el otro día mi amigo Adolfo Jiménez, de Politicas Post (que empieza, como yo, a dar sus primeros pasos en esto). Vamos a decir que es el marco de la conversación pública: si no los fijas tú, te los van a fijar otros. En esto no ha tenido suerte nuestro presidente, que se ha pasado muchos años luchando contra adversidades sobrevenidas, sin demostrar en ningún momento la capacidad de proponer un mensaje que se impusiera al de la oposición, más bien al contrario. Se le puso la cosa tan difícil que tuvo que ir al Hormiguero y a lo de Ana Rosa a poner buena cara, demostrando una capacidad de sobreponerse fuera de toda lógica. Yo antes dimito que ir donde esa señora, pero eso es lo que tiene el poder: que lo quieres conservar. Sí le salieron bien dos cosas: lo del perro sanxe, en un brillante ejercicio de técnica de comunicación política, y el banzai que lanzó Rodríguez Zapatero, al final de la campaña. Cada día me alucina más este hombre, no sé qué pensar de él.
Pero el asunto se han empezado a torcer cuando, con este interminable asunto de la amnistía, se ha pasado del enfado al hastío. Vaya lío que se ha montado, con los jueces en sus locos cacharros dictando autos por el tubo de escape, los independentistas que hay días que parecen fumados de marihuana, y con el gobierno proclamando un día la esfericidad de la tierra y al siguiente declarándose terraplanista. Yo creo que la gente va pidiendo “que se acabe ya esto”: unos, porque ir todos los domingos a Colón les fastidia la hora del vermut un fin de semana sí y otro también, y los demás sencillamente porque se pierden. Que ya no sabes si te pueden procesar por terrorismo, un mal día en el que te levantas dando voces de la mesa del bar porque no te atienden, o si el grupo de Whatsapp de padres del colegio es una organización criminal (bueno, un poco sí lo es). Si a eso le sumamos los divertidísimos desbarres de la gente de Podemos, que se ve que en el fondo echaban de menos escuchar a Barricada con unos buenos tripis, pues apaga y vámonos.
El último cisne negro (ya ven que, en efecto, esto va de patos) ha sido lo de Ábalos. Ya estarán ustedes leídos y escandalizados al respecto, así que poco hay que añadir; eso sí, me sigo preguntando por qué los montajes de corrupción siempre tienen algo de opereta protagonizada por personajes de serie B. Quizá sea porque lo que nosotros llamamos corrupción son, en realidad, corruptelas de película de Berlanga. El verdadero corte de la tela se juega con corbata y traje a medida en despachos y palcos; y ese, ni está ni se le espera en los medios de comunicación. Sencillamente confundimos los términos.
Escuchando las encendidas explicaciones del gobierno y del PSOE utilizando inútilmente el “y tú más” para defenderse de la quema, compruebo una vez más que la gente de la izquierda pierde la brújula con este tema. Porque este asunto (usando terminología anglosajona, a ver si así se suscriben los entendidos), es un “game changer”: a los votantes de derechas, en el fondo, lo de la rectitud moral se la trae al pairo, esto les sirve para otra cosa. No les importa que un servidor público, o un enchufado, nos haya estafado unos cuantos millones de euros. Y lo que saldrá. ¡Pero si los suyos han formateado cien veces un ordenador, y han mandado a un tipo disfrazado de cura a secuestrar a una señora, que hay que ser burro! El meollo de la cuestión es que esta particular y cutre contribución del partido en el poder al altar de la corrupción política nacional ha levantado millones de sonrisas en tertulias, bares y comidas familiares, en las que por fin se puede volver a decir “todos son iguales”. Ya puedes votar a los tuyos sin que te importe un bledo ese rollo de la superioridad moral de la izquierda. Me costó entender por qué esa tremenda frasecita no conduce al nihilismo y a una abstención del 70% hasta que leí La Mente de los Justos, de Jonathan Haidt. En sus páginas encontrarán la explicación (algo simplista, pero hasta cierto punto plausible) al hecho de que, para muchos votantes, sea más importante poder tomarse una cerveza en medio de una pandemia que juzgar el inmoral comportamiento de quien dejó morir a miles de ancianos. Y por qué la unidad de la patria debe ser putodefendida, por encima de un cierto entendimiento entre españoles. Ya de esto hablaremos otro día.
En ese sentido, la guerra cultural está perdida y me parece que estamos, como se dice ahora, en otra pantalla. De esta ya no se sale, se ponga Tezanos como se ponga. Hemos llegado al momento en el que la oposición ya no tiene nada más que hacer sino esperar sentada, y rezar porque sus amistades peligrosas y sus escándalos sobre la compra de mascarillas no sean demasiado obscenos. De hecho, si la ópera bufa de la amnistía termina por salir adelante, incluso se beneficiará de ella; y ya puestos, espero que así sea.
Solo se trata de saber ahora si el pato cojo saldrá en una camilla, exangüe y medio asfixiado por el humo tras haber agotado la legislatura, o abrasado en una nit del foc de lo más vistoso.





Lo cierto es que has comenzado con muchos bríos este Breiquin Nius, eso que acabas y empiezas con mascletá. Y lo haces navegando entre 'frames', conectando los puntos (sobre las íes) de los mismos. Me da la sensación de que estamos en la madre de todas las guerras culturales y que todo a lo que estamos asistiendo tiene tanto de drama como de farsa. Tendremos que continuar, amigo, a ver quien finalmente paga el pato.