Discusión sobre este post

Avatar de User
Avatar de Javier Jurado

Creo que en Marx había algo de razón. Hay algo de superficialidad en consumir estas obras y que nos dejen indiferentes o nos basten. Pero estoy contigo en que el arte tiene mucho más, puede no ser siempre util o significativa, puro deleite, y también puede ejecer una función esencial para recordarnos que somos más que animales, que a la ira revolucionaria también le cabe la compasión.

Preciosa edición la del libro de tu padre.

Feliz año, Ignacio.

Avatar de Miss Bohemian

Hola, soy Gabriella, culpable de haberme tomado un mojito durante la segunda parte de aquel mismo Los Miserables.

Para empezar, quiero decir que puedo identificarme profundamente con tu incomodidad ante la gente que come y bebe en el teatro; a mí me pasa en los cines y en los clubes de jazz. Soy tremendamente crítica con quienes se comen una cena de tres platos justo delante del escenario. Tengo monólogos internos del tipo: «respetad a esos artistas, por el amor de Dios. Han practicado cuarenta años para tocar así y tú estás ahí zampándote una pata de ganso mientras los miras, pedazo de imbécil consumista». A veces me odio, porque puedo llegar a enfadarme tanto por estas cosas que se me hace difícil disfrutar de salir por la noche.

Precisamente por eso, cuando fuimos al teatro, volví a sentir esa inquietud habitual al entrar en estos grandes establecimientos: «¿De verdad necesitamos una imagen de marca tan colorida, carteles para hacerse fotos delante? ¿Hace falta la tienda de merchandising y varios bares? ¿Los vasos y las cajas de palomitas con el logo de Los Miserables? Incluso las propias palabras, Los Miserables, resultan completamente ridículas en cualquier objeto promocional. Estos personajes no son precisamente alegres: ¿tenemos que sacar tanto beneficio de su infelicidad?».

Pero tenía dos opciones delante: ¿iba a estar enfadada e incómoda por el comportamiento de los demás, como casi siempre, o iba a pasarlo bien convirtiéndome en una más, abrazando a la consumista sucia y profana que llevo dentro? Y eso hice. Me tomé el mojito, cogí el vaso de café que decía Los Miserables, y me gustó.

Siento que la gente de la industria hace todo lo posible para desconectarnos del arte en sí. Colocan estos espectáculos en teatros ENORMES, nos rodean de cosas que podemos comprar y masticar, le quitan lo sagrado al espacio, hacen que se parezca más a una producción de circo. Creo que el arte solo tiene la posibilidad de transformarnos, de hacernos pasar por su fuego purificador, cuando se nos permite estar a solas con él: el silencio de un museo, la quietud casi sagrada de un libro en nuestro dormitorio, la magia de ser la única persona en una sala de cine.

Para mí, lo mejor de este Los Miserables fue haberlo visto juntos en familia. Y tengo muchas ganas de volver a ver la película y releer el libro, para encontrarme en ese espacio de conexión con todo lo que es esta obra de arte. Algo que, creo, sería imposible rodeada de comedores de patatas fritas y, más aún, de quienes las venden.

Gracias por este texto tan reflexivo. Disfruto mucho de tu manera de escribir.

3 comentarios más...

Sin posts

Por supuesto, sigue adelante.